Los nuevos lopezobradoristas / Jorge Buendía

Fuente: El Universal




El tercer intento de AMLO por llegar a la Presidencia ofrece una
oportunidad inmejorable para analizar los cambios en su base electoral.
Hoy, al igual que en 2006, aparece en primer lugar de las encuestas pero
ello no significa que sus bases sean las mismas o que lo que impidió su
triunfo en 2006 funcione hoy.

El análisis de la evolución del apoyo a AMLO es posible si utilizamos
resultados oficiales, encuestas de salida (2006 y 2012) y las encuestas
preelectorales de Buendía y Laredo/EL UNIVERSAL y de Reforma publicadas
en este año (los datos están disponibles en Oraculus.mx). A partir de
esta información se detectan las siguientes tendencias:

Regionalmente, el apoyo a López Obrador (de 2006 a 2018) ha crecido más
en el sur del país (circunscripción 3). En comicios previos, dada la
debilidad de Acción Nacional en la región sur, el contrapeso a López
Obrador lo representaba el PRI. Hoy, la debacle tricolor en la región
(ilustrada con el caso Veracruz) significa que el tabasqueño no tiene
rival: cuenta con 60 por ciento de la preferencia efectiva en la región
y su ventaja es de 40 puntos porcentuales sobre el abanderado blanquiazul.

El candidato de Morena también ha crecido en regiones históricamente
hostiles a su persona. En elecciones pasadas el apoyo a AMLO fue
ligeramente superior al 20 por ciento en el norte del país
(circunscripciones 1 y 2), a gran distancia de los eventuales
triunfadores. Calderón pudo ganar en 2006 gracias a que el norte del
país le dio los votos necesarios para compensar los triunfos del
tabasqueño en el centro y sur de México. Hoy la historia es diferente.
Si en el pasado AMLO perdió por cerca de 20 puntos en la circunscripción
1, en esta contienda se encuentra empatado con Ricardo Anaya. Lo
anterior no significa que sus tradicionales bastiones hayan dejado de
serlo. AMLO sigue manteniendo una cómoda ventaja en las
circunscripciones 4 y 5 (CDMX, Edomex, Puebla, entre otros), pero su
fuerza electoral es similar a la de procesos anteriores. El
lopezobradorismo histórico sigue vivito y coleando.

A pesar de la retórica de clase (“Por el bien de todos, primero los
pobres”), en 2006 no se observa que los personas con educación primaria
(que tienen menos ingresos) voten más por López Obrador que los
universitarios, el grupo más privilegiado. Este patrón empezó a cambiar
en 2012 donde ya se observa con claridad que a mayor educación mayor
voto por el tabasqueño. Hoy, el nuevo lopezobradorismo está representado
por los universitarios. El apoyo a AMLO en este segmento ha aumentado
catorce puntos porcentuales de 2006 a la fecha pero, quizá más
importante aún, nadie le hace sombra: goza de una ventaja de 27 puntos
sobre Ricardo Anaya, su contrincante más cercano.

La importancia del segmento universitario (20% del electorado) aumenta
si analizamos su comportamiento en 2006. La campaña negativa, “AMLO, un
riesgo para México”, buscó que los grupos más privilegiados se
cohesionaran alrededor de Calderón. La estrategia tuvo éxito: los
universitarios, un grupo de privilegiados en un país cuyo promedio de
educación es de 9 años, votó 46 a 35 por Felipe Calderón. A juzgar por
su nivel de apoyo, en 2018 los universitarios no ven riesgo en una
eventual victoria del candidato de Morena.

La brecha de género siempre ha sido importante para López Obrador y este
año no es excepción. Los varones tradicionalmente lo respaldan más que
las mujeres, pero su ventaja es hoy de 18 puntos porcentuales sobre su
rival más cercano. En 2006 y 2012 el segmento masculino fue altamente
competido, pero en esta ocasión ya es un bastión del tabasqueño y parte
central de su fuerza (los hombres significan casi la mitad del electorado).

Al analizar la composición del respaldo al abanderado de Morena la
conclusión más relevante es que ya no genera el rechazo de antaño. Solo
el noreste del país le escatima simpatías pero incluso ahí sus números
han mejorado. En cambio, aprovechando las fallas de sus rivales y el
desencanto generalizado, ha penetrado en regiones y grupos sociales que
le eran antagónicos. Quien quiera arrebatarle la victoria tendrá que
buscar una fórmula diferente a la de hace doce años.