Rosario Robles ante el Congreso / Daniel Barceló

Fuente: El Universal




No es producto de la ingenuidad que los secretarios de despacho vengan
confundiendo la responsabilidad “penal” con la responsabilidad
“política” desde tiempos del Presidente Fox.

Les conviene para no
renunciar sus cargos por yerros graves o abusos de poder. La
responsabilidad penal consume años en ser probada en juicio ante el
Poder Judicial, mientras que la política -que procesa el Congreso en
procedimiento expedito de interpelación- es inmediata y conduce a la
pérdida de cargo y fuero. Robles hizo bien al ir a la PGR y solicitar se
investiguen los desvíos observados por la ASF y se apliquen las
responsabilidades penales que procedan contra sus subordinados (ella
tiene fuero). Pero aún le falta ir al Congreso para explicar y
justificar dos cosas: la política de contratación pública de la SEDATU
y, por qué no se percató que los funcionarios que ella designó como
ejecutores del gasto habían desviado tal cantidad de fondos públicos. Si
logra justificar ambas cosas ante los diputados y senadores, y ante los
ciudadanos, entonces se puede quedar en su cargo. Pero si no les
convence, debe irse a su casa por lealtad al Presidente Peña Nieto y por
imperativo democrático.

En las democracias maduras, presidenciales y parlamentarias, los
secretarios se rigen por un estatuto. En éste se indica que ante un
fallo grave en su dependencia, se espera que el secretario responsable
renuncie voluntariamente al cargo o sea cesado por el jefe de gobierno.
Es la sanción por responsabilidad política. En democracia la delegación
periódica del poder de los gobernados en los gobernantes está sujeta a
condiciones, siendo una muy elemental que hagan bien su trabajo o de lo
contrario que renuncien o sean cesados.

Como Robles viene argumentando en su defensa, puede ser que no haya
cometido ningún delito. No obstante, debe dimitir inmediatamente si
funcionarios jerárquicamente subordinados a ella –que ella designó-
desviaron recursos públicos. Ello probaría negligencia inexcusable de
Robles en cuanto a la inteligencia de la selección de su personal y en
cuanto al deber de vigilar constantemente la recta aplicación de los
recursos públicos en la secretaría a su cargo.

Los secretarios son políticamente responsables de los actos que
personalmente generan en su secretaría. Un ejemplo fue la renuncia de
Luis Videgaray por la idea de invitar a Trump a México. Pero los
secretarios también son responsables de la buena gestión de su
dependencia, lo que necesariamente implica que son responsables
políticos de los actos u omisiones de sus subordinados que causen daño
al interés general. Esto diferencia la responsabilidad política con
respecto a la responsabilidad penal, donde la acción causal es siempre
personal.

Las democracias presidenciales establecen diversos incentivos dirigidos
a los presidentes. Entre estos incentivos se cuenta la expectativa de la
retirada de la confianza ciudadana en la siguiente jornada electoral o
su ratificación. Por ello, si el Presidente Peña decide sostener en su
cargo a la secretaria Robles, su decisión se traducirá en votos de
castigo para los candidatos de su partido en la elección de julio y
particularmente para José Antonio Meade. Esta es la ineludible lógica de
la democracia representativa de tipo presidencial. En cada elección los
ciudadanos premian o castigan. Como en México afortunadamente no existe
la reelección del Presidente, el premio o castigo se traslada a su
partido político.

Investigador del IIJ-UNAM