36 ataques, 59 propuestas

Fuente: Milenio




Ricardo Anaya y José Antonio Meade culpan a López Obrador de haber
realizado adjudicaciones sin licitación cuando fue jefe del GDF y de
tener entre sus colaboradores a un ligado a Odebrecht.

Fernando Damián y Carolina Rivera

A solo 19 días de la jornada electoral, los candidatos presidenciales
Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime
Rodríguez delinearon en su tercer y último debate 59 propuestas en
diversas materias, pero también cruzaron 36 ataques, principalmente por
supuestos actos de corrupción.

Anoche, en el Gran Museo del Mundo Maya, en la ciudad de Mérida, los
abanderados a la Presidencia de la República contrastaron por más de dos
horas sus planteamientos sobre crecimiento económico, combate a la
pobreza, salud y educación, e intercambiaron una vez más
descalificaciones y adjetivos.

Anaya, de la coalición Por México al Frente, acusó a López Obrador, de
la alianza Morena-PT-PES, de adjudicar sin concurso ni licitación
contratos por 170 millones de pesos a su amigo José María Riobóo durante
su gestión como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, e
incluso lo retó a renunciar a la candidatura si le mostraba las pruebas
de dichos señalamientos.

—Te has convertido, Andrés Manuel, en lo que tanto criticabas, y como
los del PRI, ya tienes también tus contratistas favoritos; contesta sin
chistes, sin payasadas, sí o no: ¿cuando fuiste jefe de Gobierno, a
Riobóo le otorgaron contratos por asignación directa, sin licitación ni
concurso, por 170 millones de pesos?, contesta sí o no— cuestionó Anaya.

—No, no. No tiene sentido lo que planteas, te digo que no, yo no soy
corrupto —respondió López Obrador.

—¿Entonces no es cierto? ¿Y si te lo demuestro renuncias a la
candidatura?— desafió el panista.

—No, no, no. No soy corrupto como tú —atajó el tabasqueño justo cuando
terminaba el tiempo de ese segmento.

Anaya arremetió también contra Meade, candidato del bloque
PRI-PVEM-Panal, y lo amagó con llevarlo ante la justicia, junto al
presidente Enrique Peña Nieto, por los casos Iguala, Casa Blanca y
Odebrecht, entre otros.

“Tú, José Antonio, y tu jefe Enrique Peña Nieto van a enfrentar la
justicia cuando yo sea Presidente de México, porque eso es lo correcto;
entiendo que se pusieron de acuerdo con López Obrador, que ya los
perdonó, pero la justicia se tiene que hacer en nuestro país”, remarcó.

El candidato de la coalición Juntos Haremos Historia negó en su turno el
supuesto “pacto de impunidad” con Peña Nieto y subrayó que es Anaya
quien se reunió seis veces en menos de un año con el Presidente de la
República, pero ahora se peleó con él y hasta quiere meterlo a la cárcel.

—¿Sabes qué? No es mi fuerte la venganza; justicia, no venganza, ¡ni a
ti te voy a meter a la cárcel! —reviró AMLO al queretano.

Meade lanzó también una serie de ofensivas a sus oponentes en la
contienda presidencial y sostuvo: “aquí el único indiciado por delito es
Ricardo”, en referencia a la admisión de la denuncia presentada antier
por el senador Ernesto Cordero contra Anaya por presunto lavado de dinero.

El ex secretario de Hacienda cuestionó también a López Obrador.

“En el tema de Odebrecht la pregunta no debería ser para mí, Ricardo,
sino para Andrés Manuel, porque el socio de Odebrecht en México es la
familia de (Javier) Jiménez Espriú, a quien Andrés Manuel ha propuesto
como su secretario de Comunicaciones y Transportes, y que por cierto no
va a llegar, porque va a perder”, puntualizó.

Al comienzo del debate, Ricardo Anaya se dijo víctima de una campaña en
su contra por su intención de investigar los probables actos de
corrupción del actual sexenio, en caso de ganar la Presidencia.

“He sido blanco de una campaña brutal de ataques, mentiras e infamias
porque me atreví a decir que cuando sea Presidente de México habrá una
fiscalía autónoma que investigue a Enrique Peña Nieto y su participación
en los escándalos del sexenio”, acusó.

López Obrador reprochó una vez más la andanada de sus adversarios, según
él, por ser puntero de la competencia: “Yo qué culpa tengo de que estén
ustedes empatados, empatados hasta abajo y piensan que aquí en el debate
van a remontar 30 puntos que les llevo; o sea, yo entiendo que estén
desesperados, pero serénense”.

En ese contexto, el independiente Jaime Rodríguez descalificó a los
candidatos postulados por los partidos políticos y aseguró que “los tres
están denunciados y los tres pueden ir a la cárcel”, aunque evitó
precisar sus dichos.

Y si en el segundo debate pidió a López Obrador darle un abrazo a sus
adversarios, anoche lo emplazó a darle un beso a Anaya.

“Me divierto con ustedes, ahora dale un beso, cabrón; dale pues, dale un
beso, México necesita de la unidad de todos, no de pleitos”, dijo el
neoleonés.

REFORMA EDUCATIVA

Andrés Manuel López Obrador reafirmó su intención de cancelar la reforma
educativa, mientras Ricardo Anaya ofreció revisarla y José Antonio Meade
se manifestó por darle continuidad.

Durante el debate, moderado por los periodistas Gabriela Warkentin,
Carlos Puig y Leonardo Curzio, los contendientes evidenciaron sus
discrepancias en esa materia como en ninguna otra.

“Voy a cancelar la esencia de la reforma, porque considero que no es una
reforma educativa lo que se aprobó, sino tiene más que ver con una
reforma laboral; es un mecanismo, una represión, una coerción a
maestros. Está dedicada a afectar a los maestros y tiene una orientación
neoliberal, privatizadora”, sostuvo AMLO.

En ese tema, el tabasqueño anunció que, de llegar a la Presidencia,
designará a María Elena Álvarez-Buylla, especialista en biotecnología de
la UNAM y Premio Nacional de Ciencia 2017, como titular del Conacyt.

Anaya indicó a su vez que cancelar la reforma educativa y permitir que
se vendan y hereden plazas sería “absolutamente criminal”.

No obstante, se declaró en desacuerdo con la forma en que se ha
implementado la reforma para castigar y hostigar a maestras y maestros:
“Yo les voy a dar el trato que se merecen como verdaderas aliadas y
aliados del gobierno y de los padres de familia para lograr la
transformación”.

Meade defendió en su oportunidad la reforma en todos sus términos y
señaló que cancelarla implicará cancelar también el futuro de los niños
y echar por la borda la posibilidad de que aprendan inglés.

Manifestó su disposición a perfeccionar la reforma y dialogar con los
maestros, así como mejorar sus remuneraciones, pero no con los de la
disidencia magisterial, “no con los violentos, con los que avientan
piedras, palos, con los que impiden que se dé el tránsito y se abran los
negocios, con los que no hacen del diálogo el instrumento de negociación”.

TRAJES Y GUAYABERAS

Horas antes del arranque del debate, simpatizantes de los candidatos
presidenciales arribaron a las inmediaciones del Gran Museo del Mundo
Maya para respaldar con mantas, pancartas y arengas a sus respectivos
abanderados.

El independiente Jaime Rodríguez fue el primero en llegar a la sede,
acompañado por su esposa y sus hijos, y detrás de él aparecieron Meade y
Anaya, también junto a sus respectivas consortes.

López Obrador y su esposa arribaron al final, pero casi pisándole los
talones a Anaya.

En contraste con los trajes oscuros de sus tres adversarios, el
tabasqueño arribó vestido con una guayabera blanca y pantalón negro,
aunque adentro del recinto se cambió y, tal como lo establecía el
“código de vestimenta”, entró al set también de saco y corbata.

“Me mayoritearon”, dijo López Obrador a los representantes de los medios
de comunicación.

El Instituto Nacional Electoral consultó dos días antes del debate a los
representantes de los candidatos sobre la posibilidad de utilizar
guayaberas.

Sin embargo, la mayoría prefirió la formalidad del traje y la corbata,
mientras el único que votó por la guayabera fue el candidato de Juntos
Haremos Historia.

Por ello, la Comisión de Debate del organismo electoral suscribió el
código de vestimenta con los representantes de los partidos y acordó que
el uso de traje y corbata sería una simple sugerencia, extensiva también
a los moderadores.

Al finalizar el debate y salir del recinto, Ricardo Anaya enfrentó
arengas y abucheos de algunos seguidores de López Obrador y El Bronco,
que aún permanecían tras las vallas instaladas por el Estado Mayo
Presidencial para evitar cualquier irrupción y salvaguardar la
integridad de los candidatos.